Continuación “el amor no es…” (Parte 2b)
“…no busca lo suyo, no se irrita…”
1 Corintios 13:5b
La octava característica es que no se enoja o no se irrita. ¿Alguna vez se irritó usted? ¿Cuántas veces se ha enojado con sus hijos? Aquí el verbo está en forma pasiva y lo que quiere decir es que el que ama no es irritable fácilmente con elementos (tentaciones, insidias, provocaciones) exteriores. En esencia esto es una extensión de la paciencia. La paciencia hace que detenga la explosión de la ira; que soporte, que aguante. Cuando más amor ágape tenemos, o cuanto más perfeccionado está el amor en uno tanto más aguanta y detiene la ira.
La ira es una emoción que está en cada uno de nosotros, pero es peligrosa y puede llegar a ser muy peligrosa. El Apóstol Pablo alertó a la iglesia en Éfeso sobre la ira con las siguientes palabras: “Además, no pequen al dejar que el enojo los controle. No permitan que el sol se ponga mientras siguen enojados, porque el enojo da lugar al diablo.” El enojo es una emoción muy fuerte que puede no tener límites, nos dejamos llevar por las emociones y sentimientos cayendo en el error de dejar principios Bíblicos y el verdadero amor ágape. Podemos fácilmente perder el balance y la paciencia que necesitamos para enfrentar los retos y dificultades como esposos y padres. Entonces tenemos que también ponerle límite a nuestro enojo: un límite en el tiempo (duración) y en intensidad. Mira lo que dice Pablo: “No se ponga el sol sobre vuestro enojo”. No podemos permitir que el enojo o la ira perdure. Es triste ver muchos hombres que viven en una continua ira contra todo y con todos. Es justamente el amor ágape, el amor que fluye de Dios, el que va a poner la medida justa, porque va a tener discernimiento y paciencia. El padre cristiano que se enoja desmedida o prolongadamente, trayendo consigo resentimiento, rencor, división, odios, y otras acciones negativas, muestra claramente que su amor no ha sido perfeccionado aún.
Un padre le dijo en cierta ocasión a su pastor: “Tengo un genio terrible, me enojo fácilmente, pero encuentro algo de justificación en el hecho de que lo he heredado de mi padre. Él también tuvo un genio terrible y soy totalmente parecido a él.” “Ah”, dijo el pastor, pero “¿No has experimentado el nacer de nuevo en Cristo?” “Si, contestó el padre, he sido convertido, bautizado y soy miembro de la iglesia.” El pastor puso su mano en el hombro del padre y le preguntó: “¿Cree usted que nació de Dios cuando entregó su corazón a Cristo?” “Definitivamente” le contestó el padre, “la Biblia así me lo dice.” “¿Entonces usted cree que Dios es su padre? Le preguntó el pastor. “Naturalmente” contestó el padre con firmeza. “Si es así, ¿qué clase de genio heredó cuando nació de nuevo?
“Esto significa que todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado; ¡una nueva vida ha comenzado!” 2da Corintios 5:17.
¡Nos vemos próximamente en el barrio!
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Dr. Rafael Gutierrez
Director-Ministerio Padre de Corazón
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Fuentes consultadas y citadas:
Piccardo, H. R. Recuperando nuestra identidad como iglesia: Sermones sobre 1a de Corintios para la iglesia de hoy.
Foto por Marina Kazmirova en Unsplash